Tras la relativa quietud de la Edad Media, ocurren sobre la mitad del milenio acontecimientos que inciden sobre el modo acostumbrado de ver el mundo y sobre la posibilidad de concebir el futuro:
En 1449 Gutenberg imprime el primer libro mediante el sistema de tipos móviles. Aunque los chinos ya habían inventado algo parecido, su complicado sistema de signos restringía su utilidad. Con el alfabeto occidental, la imprenta de tipos móviles echa a rodar un prodigioso cambio en la capacidad del hombre para comunicarse.
En 1453 los turcos toman Constantinopla, obstruyendo el comercio con el lejano oriente y haciendo sentir a Europa que su lado oriental está amenazado. Personajes muy instruidos se van de Constantinopla a Europa occidental e inciden sobre sus sociedades.
En 1492 Colón cruza el océano, y aunque no sabe a dónde llegó muestra a los poderosos que navegar hacia el oeste es posible y conveniente.
En 1496 Américo Vespucio escucha a Colón relatar sus dos primeros viajes y duda de que haya estado en alguna parte de Asia. Como consecuencia, inicia sus propias exploraciones.
En 1503 Erasmo de Rotterdam publica el Manual del Soldado Cristiano, en el que enaltece la sinceridad y deplora la adhesión ciega a las tradiciones y la resistencia de las instituciones a cambiar. Se manifiesta contra algunos abusos de la Iglesia y sus trabas a la libertad de pensamiento. Reprueba las costumbres de la Edad Media y exalta lo que empieza a denominarse Renacimiento. Será considerado pionero del Humanismo.
En 1507, un año después de la muerte de Colón, el cartógrafo alemán Martin Waldseemüller presenta un mapa en que por primera vez se lee el nombre América.
En 1514 Nicolás Copérnico difunde entre sus colegas un primer esbozo de su hipótesis de que la Tierra no es el centro del universo, sino que gira alrededor del Sol.
En 1516 Tomás Moro publica Utopía, donde canaliza una inquietud inspirada en Platón sobre cómo debería ser una sociedad, muestra su disconformidad con el mundo existente y su aspiración a otras posibilidades. Al darle forma de ficción relatada por un personaje que habría conocido a Américo Vespucio, sugiere que esa sociedad podría existir en algún punto del Nuevo Mundo. Es una evidencia de que ese Nuevo Mundo comienza a sugerir a algunos pensadores que podría o debería haber sociedades distintas de las conocidas.
En 1517 Martín Lutero clava en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg sus 95 tesis, como invitación a discutir y corregir prácticas de la Iglesia que a su criterio no deberían continuar. Esto derivará en la ruptura con el catolicismo y en la afirmación de que puede haber más de un modo de ser cristiano. En la confrontación resultante cobra un inusitado protagonismo la imprenta.
En las décadas posteriores se conoce América con más detalle y se la aprovecha como fuente de riquezas. El oro y la plata trasladados aumentan la riqueza intercambiable en manos de los europeos, y con esto la actividad económica.
Una consecuencia de esta sucesión de hechos es la actitud de estudiar el mundo, comunicar ideas y, acto seguido, suponer y hasta proponer un futuro distinto.
Desde una lejana antigüedad hubo sueños de cambio cuyos ejecutores serían diversas divinidades. Ahora se empieza a considerar que la transformación del mundo, incluyendo la derrota de los malos, puede ser obra ni más ni menos que de sus habitantes.
Parece que antes no hubiera habido motivos para concebirlo.
En el nuevo panorama, el futuro se convierte en tema casi ineludible para quienes se interesan en pensar.
Si la historia del soñar un mundo nuevo puede dividirse en eras o edades, aquí nos encontramos en el comienzo de la más interesante. |